Los desafíos del Instituto son los propios de un espacio que ya está muy consolidado. Justamente estos días supimos que el Ranking QS nos volvió a ubicar como el primer departamento de Ciencia Política en Chile y en América Latina y entre los 40 mejores del mundo. Para un instituto relativamente pequeño como el nuestro, eso es un logro enorme, pero también una responsabilidad. Entonces, el desafío es cómo seguimos sosteniendo esa excelencia, pero al mismo tiempo fortaleciendo al Instituto como una comunidad abierta y con capacidad de proyectarse hacia el país y la región.
A mí me gustaría darle una impronta de trabajo colaborativo, de fortalecimiento institucional, pero también de cuidado de la comunidad. Y cuando digo comunidad, me refiero a quienes hacen posible el Instituto todos los días: estudiantes de todos los niveles, cuerpo académico, profesionales y personal administrativo.
Eso supone seguir cuidando nuestra docencia de pre y posgrado, asegurando el pluralismo en las salas de clase, apoyando la investigación del cuerpo académico y también fortaleciendo líneas como la educación continua que hoy nos conectan mucho con la sociedad, incluso más allá de Chile. Y quizás un desafío bien propio de la dirección es cómo compatibilizar la gestión del día a día con la posibilidad de pensar estratégicamente. En eso tengo la suerte de contar con un equipo de dirección muy sólido.
Por último, es llamativo que, más allá del trabajo en el aula misma, el ICP siempre está organizando seminarios y actividades de vinculación con temas públicos, ¿te parece importante fortalecer esta línea? ¿Por qué?
Sí, completamente. En el Instituto siempre están pasando cosas, no solo en términos académicos, sino también en relación con la coyuntura nacional e internacional. Y eso tiene mucho que ver con nuestra disciplina, porque la ciencia política dialoga con problemas públicos, con debates que muchas veces están ocurriendo en tiempo real y que impactan directamente nuestra vida en sociedad.
Por eso, un instituto como el nuestro no puede limitarse solo al trabajo en la sala de clases o a la investigación más especializada, por muy importantes que sean esos ámbitos. También tenemos que ser capaces de generar espacios de reflexión, análisis y conversación pública.
A mí me parece muy importante seguir fortaleciendo esa línea, porque estas actividades cumplen varias funciones al mismo tiempo. Enriquecen la formación del estudiantado, lo conecta con discusiones contemporáneas y con actores relevantes, fortalecen la presencia pública del Instituto y, además, muestran que el conocimiento académico puede contribuir de manera rigurosa y útil a la deliberación democrática.
Y me interesa especialmente que esa vinculación con el medio mantenga el sello del Instituto y de la UC. Es decir, que no sea solo una reacción a la contingencia, sino una manera de aportar reflexión, análisis profundo, pluralismo y vocación pública.
En un contexto de creciente polarización, y de debates que muchas veces son superficiales o incluso intelectualmente deshonestos, las universidades y los institutos de excelencia tenemos la responsabilidad de sostener espacios de discusión informada, seria y respetuosa.